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Devenir trapo: materialismos
indisciplinados y avatares textiles
María Alejandra Estifique
Francisco Ramallo
Para citar este artigo:
ESTIFIQUE, María Alejandra; RAMALLO, Francisco. Devenir
trapo: materialismos indisciplinados y avatares textiles.
Urdimento
Revista de Estudos em Artes Cênicas,
Florianópolis, v.2, n. 58, ago. 2026.
DOI: 10.5965/1414573102582026e302
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Devenir trapo: materialismos indisciplinados y avatares textiles
María Alejandra Estifique1
Francisco Ramallo2
Resumen
Las potencias de los nuevos materialismos y la teoría queer se espejan en una
metodología de investigación performática aplicada al campo educativo. La indagación
articula sus resultados en torno al objeto textil/avatar YoYoYo, que opera mediante una
triple mímesis (Yo Yolanda Yocasta). A través de una metodología de juego adulto en
siete peldaños, el trabajo propone una ruptura con la racionalidad disciplinar. La praxis
del devenir-trapo habilita una expansión corpórea que reorienta el ambiente pedagógico.
El uso de avatares textiles facilita la emergencia de un materialismo indisciplinado,
donde el cuerpo investigador deviene acontecimiento estético y político en la formación
docente.
Palabras clave
: Autobiografía. Educación. Géneros. Performatividad. Teoría Queer.
Becoming Rag: Undisciplined Materialisms and Textile Avatars
Abstract
The potential of new materialisms and queer theory are mirrored in a performative
research methodology applied to the educational field. This inquiry articulates its results
around the textile object/avatar YoYoYo, operating through a triple mimesis (Yo Yolanda
Yocasta). Through an adult play methodology structured into seven thresholds, the work
proposes a rupture with disciplinary rationality in academia. The praxis of becoming-rag
enables a corporeal expansion that reorients the pedagogical environment. The use of
textile avatars facilitates the emergence of an undisciplined materialism, where the
researcher's body becomes an aesthetic and political event in teacher training.
Keywords:
Autobiography. Education. Genders. Performativity. Queer theory.
Devir trapo: materialismos indisciplinados e avatares têxteis
Resumo
As potências dos novos materialismos e da teoria queer espelham-se em uma
metodologia de pesquisa performática aplicada ao campo educacional. A investigação
articula seus resultados em torno do objeto têxtil/avatar YoYoYo, que opera mediante
uma tríplice mimese (Eu Yolanda Jocasta). Através de uma metodologia de jogo adulto
em sete degraus, o trabalho propõe uma ruptura com a racionalidade disciplinar da
academia. A práxis do devir-trapo permite uma expansão corpórea que reorienta o
ambiente pedagógico. O uso de avatares têxteis facilita a emergência de um
materialismo indisciplinado, onde o corpo pesquisador torna-se um acontecimento
estético e político na formação docente.
Palavras-chave
: Autobiografia. Educação. Gêneros. Performatividade. Teoria
Queer
.
1 Doctorado en Educación por la Universidad Nacional de Rosario (UNR.) Licenciada en Escenografía por la Escuela de Artes
Visuales Martin Malharro. Miembro del laboratorio «Descomposiciones» de la Facultad de Humanidades de la Universidad
Nacional de Mar del Plata (UNMdP). Ecologista doméstica, artista visual, escenógrafa y directora de arte independiente,
ecologista doméstica en Casa de Artista.
estifique@gmail.com https://orcid.org/0009-0006-4361-6368
2 Postdoctorales en la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE - Brasil). Doctorado en Humanidades y Artes por la
Universidad Nacional de Rosario (UNR). Magíster en Estudios Étnicos y Africanos por la Universidad Federal de Bahía
(UFBA- Brasil). Magíster en Historia por la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP). Licenciado en Historia por la
UNMdP.) Investigador asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET). Profesor
adjunto regular en el Departamento de Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades en la UNMdP.
ramallo.francisco@gmail.com https://orcid.org/0000-0002-4611-3989
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Introducción
Figura 1 - Fotografía de Yo Yo Yo, Estifique, 2020.
En esta trama conceptual subyace un conjunto de hipótesis interrelacionales
que encuentran su anclaje afectivo en la lectura de Jason Edwards. Es él quien
sitúa el eje de nuestra indagación en el plano de la sensibilidad, interpelándonos
de manera directa: “¿Cómo te has sentido al leer este texto? ¿Y cómo podemos
desarrollar, entre nosotros, los instrumentos menos penosos, pero sorprendentes,
hábiles y productivos para que las cosas mejoren?” (Edwards, 2021, p. 99). Al
proyectar estas preguntas sobre Yo, Yolanda, Yocasta, el avatar de tela trasciende
su materialidad para convertirse, precisamente, en uno de esos “instrumentos
sorprendentes y productivos”. La interpretación de este objeto se vuelve así
expansiva y elástica, operando como una orientación heurística que nos permite
articular identidades, agenciamientos y deseos múltiples que desbordan y fisuran
la normatividad.
En su condición intrínseca de tejido, esta muñeca de apego materializa la
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potente noción de tender que captura Edwards. Este tender (que en su polisemia
evoca simultáneamente la ternura, la vulnerabilidad y la acción de extender)
encapsula un doble movimiento vital: el de inclinarse o proyectarse hacia un objeto
u otredad y, al mismo tiempo, el compromiso ineludible de cultivarlo para propiciar
su florecimiento. Esta relación de tender hacia trasciende la mera disposición
pasiva; se constituye como un profundo valor ético que debe ser ejercitado y
ensayado activamente como una orientación afectiva. Es en este acto de
extender(nos) y sostener(nos) donde opera la performatividad del muñeco,
hilvanando redes de contención que permiten a las subjetividades encarnadas
desplegarse más allá de los límites del yo confinado.
En consecuencia, este abordaje ilumina de manera insoslayable las
dimensiones políticas y públicas del deseo erótico y afectivo, reconfigurando
nuestras nociones de la intimidad, el apego y las formas de parentesco. Al
entender el tender como una fuerza política, la tarea crítica que nos convoca
implica desnaturalizar, trastocar y desentrañar aquellas lógicas hegemónicas de
prohibición, devaluación y desconocimiento que históricamente han limitado y
clausurado nuestras formas de vincularnos. A través de la mimesis y la interacción
con la materialidad de la tela, Yo, Yolanda, Yocasta nos invita a un gesto de
desobediencia epistémica y afectiva, apostando por prácticas donde la educación
y el arte se amalgaman para ensayar nuevas poéticas del cuidado y la
emancipación.
Nos asumimos en la forma de un animal doméstico, acostumbrados a las
toxicidades y olores fétidos de una humanidad que se enferma, anticipando el
aroma de la peste y la descomposición del
zoē
(Braidotti, 2015) en la vida que
persiste más allá de la biopolítica. Esta descomposición, ambivalente por
naturaleza, puede ser tanto venenosa como fermento de algo beneficioso y nuevo.
La confección y el juego con Yo Yo Yo han reconfigurado nuestros modos de
expresión y comportamiento, validando el juego como un método pedagógico para
desaprender los modelos adquiridos y las normativas hegemónicas. La futuridad
antinormativa (Muñoz, 2019) se infiltra en este materialismo como horizonte
político: el devenir-trapo no solo descompone el presente sino que proyecta una
corporalidad radicalmente otra, donde los márgenes del protocolo académico
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devienen lugares de enunciación y deseo.
Nuestra metodología se impulsa a investigar, motivar y movilizar el cuerpo
para reconocer movimientos sutiles y erráticos. En esta penumbra y bruma
atlántica, investigamos cómo la descomposición de lo real, la selección de paisajes
y la errancia se vuelven categorías constitutivas. Somos paisaje; un paisaje que se
pixela y se desvanece en el espacio, haciendo del viaje una vida y de la vida un
viaje.
Esta errancia metodológica no es una renuncia al rigor, sino su redefinición:
en lugar de validar el conocimiento por su capacidad de repetirse bajo condiciones
controladas, lo validamos por su capacidad de afectarnos de un modo que deja
huella corporal. Investigar el paisaje que se pixela y se desvanece implica, en
términos concretos, registrar simultáneamente el dato sensible (la temperatura
del aire, el olor a salitre, el peso de la tela mojada) y el dato discursivo (la cita
teórica, la nota de campo), sin jerarquizar uno sobre el otro. Esa doble anotación -
sensible y discursiva- es lo que sostiene, en la práctica, los siete peldaños que
desarrollamos a continuación.
Este proceso de inmersión y reorientación sensorial se estructura
metodológicamente en lo que denominamos los siete peldaños o umbrales de
sentido. Esta nomenclatura, inspirada en la defensa de la tesis doctoral de la
artista María Alejandra Estifique (2024) y en la mano que dibujó una escalinata en
el apunte, no representa una secuencia lineal, sino una topología de inmersión
auto-etnográfica para bucear en la subjetividad. Se trata de siete posibilidades de
experimentación y socialización que buscan una síntesis sin medida. Esta
indagación se inscribe en la tradición de la documentación narrativa de
experiencias pedagógicas (Suárez, 2021), que reconoce en las narrativas
autobiográficas una forma legítima de producción de saber situado en el campo
educativo.
Al observar la ecología de un estanque (atravesada por la descomposición, la
proliferación invasiva de la
Lemna Minor
y la obstinada vitalidad de un organismo
aislado, como el pez wasabi), presenciamos una relación de asociatividades
interespecies profundamente tensionadas y, a menudo, inadecuadas. En este
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escenario, la persistencia de una vida que desobedece el pronóstico de su propia
muerte es resistencia biológica. Allí la racionalidad hegemónica colapsa y nos
obliga a interrogar los márgenes de nuestra propia enunciación: ¿qué dimensiones
de lo sensible articula la insistencia vulnerable del
Yo Yo Yo
frente a un paradigma
explicativo que históricamente ha intentado higienizar y neutralizar al sujeto?
En los umbrales de esta resistencia vital se infiltran las erres de un ciclo
metodológico que hemos decantado, no sin tensión, en siete movimientos. A
diferencia de los marcos de la sustentabilidad y la economía circular -que
multiplican las erres hasta nueve o diez procedimientos técnicos (rechazar,
repensar, reducir, reutilizar, reparar, restaurar, remanufacturar, reciclar, recuperar
nuestra propuesta metodológica decanta y resignifica ese repertorio en siete
peldaños o umbrales de sentido, cada uno pensado no como procedimiento
técnico sobre un objeto, sino como una praxis encarnada sobre el cuerpo
investigador: rediseñar (volver sobre la memoria y la genealogía silenciada para
otorgarle un propósito nuevo), reducir (despojar la identidad narrativa de la
disciplina corporal heredada), reutilizar (extender la vida afectiva del instante y de
sus sobras emocionales), reparar (negociar la tensión entre las múltiples formas
que elegimos ser), renovar (desprenderse activamente de lo acumulado para ganar
liviandad), recuperar (sentipensar como resistencia a la racionalidad instrumental)
y reciclar (disolver las categorías estables en la unidad de floración y
podredumbre). Esta secuencia no es lineal ni jerárquica, sino una topología de
inmersión: cada peldaño puede habitarse, abandonarse y retomarse en cualquier
momento del proceso investigativo, en la medida en que el cuerpo y la materia
textil lo demanden.
La inserción de estas coordenadas en el canon científico, tal como propone
María Alejandra Estifique (2020) opera en un doble registro epistemológico. Por un
lado, profana y desacraliza la asepsia del protocolo académico mediante la
irrupción ineludible de lo íntimo y lo corporal; por otro, instituye un
materialismo
indisciplinado
. Es en esta intersección que experimentamos un devenir trapo. Lejos
de representar una figura del descarte o de la sumisión, el
devenir trapo
supone
una ontología de la absorción, la porosidad y el desgaste útil. El trapo es aquella
materialidad que, habiendo perdido su forma originaria, su rigidez y su privilegio,
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se reintegra al mundo para limpiar, sanar y sostener las tramas de la vida cotidiana.
En las redes de investigaciones vidas el movimiento implica dejarse
deshilachar por la experiencia del campo, absorber los derrames de la realidad y
despojarnos de las investiduras narcisistas de la academia tradicional. (Godoy
Lenz, Ramallo y Ribeiro, 2022) Este materialismo indisciplinado redefine el acto de
investigar ya no como una extracción aséptica de saberes, sino como un
compromiso radical, encarnado y vulnerable con la vida, donde la erosión de
nuestras certezas es la condición ineludible para tejernos en la ciencia.
Conviene detenernos en lo que entendemos por materialismo indisciplinado,
porque el término condensa una doble operación. Por un lado, dialoga con los
nuevos materialismos (Braidotti, 2015) en su rechazo a la separación cartesiana
entre materia inerte y sujeto pensante: la tela, el hilo y el relleno de Yo Yo Yo, no
son soporte pasivo de una idea, sino agentes que orientan, resisten y modifican el
proceso investigativo. Por otro lado, el adjetivo indisciplinado señala una segunda
ruptura, esta vez con la disciplina académica entendida como régimen de
producción de conocimiento: indisciplinar la materia implica también indisciplinar
el protocolo, la cita y el género textual del artículo científico. En este sentido, el
avatar textil Yo Yo Yo en su triple mímesis de Yo Yolanda Yocasta no ilustra la teoría
desde afuera, sino que la produce desde dentro: es, a la vez, dato, método y
argumento. Llamamos avatar y no simplemente objeto porque, como en los
entornos digitales donde un avatar encarna una identidad plástica y modificable,
la muñeca textil aloja versiones múltiples y contradictorias del yo investigador sin
resolverlas en una síntesis única.
Primer peldaño
El primer movimiento metodológico, que denominamos rediseñar, implica un
acto de inversión y genealogía. Nos confrontamos con la práctica de volver sobre
lo mismo (la lectura de mensajes, la revisita fotográfica, la escucha repetida de
audios), hábitos que evidencian nuestra captura por la tecnología del dispositivo
móvil y las lógicas de las redes sociales. Este peldaño se establece como una
praxis crítica que busca desmantelar la impronta de la hegemonía mediática en la
construcción de la subjetividad y la memoria.
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La transferencia de estos
tactos, escuchas y visibilidades
al objeto textil, la
muñeca Yo Yo Yo constituye un protocolo de desprendimiento y reorientación
háptica. Argumentamos que soltar el dispositivo tecnológico no solo promete
otras
respuestas y gestos
, sino que activa una memoria somática largamente reprimida.
Este rediseño pasa por el juego, valorado como un modo pedagógico de
desaprender los modelos adquiridos y las rigideces corporales.
El rediseño nos condujo a una profunda arqueología de la memoria corporal.
La abuela paterna, Josefa F., y su labor de lavandera en La Plata, emergieron como
figuras cruciales en la constelación de emociones. La práctica investigativa de lavar
la ropa a mano se convierte en un ritual materialista que conecta el cuerpo
investigador con la memoria silenciada del trauma familiar. En este sentido,
Rediseñar es re-inscribir la genealogía silenciada en el cuerpo sensible a través de
la performatividad textil y el trabajo doméstico. Este movimiento constituye lo que
Porta (2021) denomina expansión biográfica: el gesto por el que la autobiografía
desborda sus límites convencionales para convertirse en un campo expandido de
producción de sentido y resistencia epistémica.
A modo de ejemplo, rediseñar se activa cuando, en lugar de archivar una
fotografía familiar en el disco duro del teléfono, decidimos coserla como parche
sobre la superficie de Yo Yo Yo: el gesto de digitalizar se invierte y la imagen migra
de la pantalla al textil, obligando a la mano a repetir el bordado hasta que el
recuerdo de Josefa F. lavando ropa en La Plata deja de ser anécdota narrada y se
convierte en textura tocable. Ese desplazamiento (de la memoria contada a la
memoria cosida) es lo que entendemos por rediseñar: no producir un objeto nuevo,
sino reorientar el sentido de uno ya heredado.
Segundo peldaño
La práctica de
reducir
problematiza la construcción de la identidad narrativa
a través de la disciplina corporal. Contrastamos la instrucción paterna de una
marcha erguida, serena y rectilínea con la deriva zigzagueante característica del
destino marplatense, un cuerpo que debe enfrentar vientos y mantener un ritmo
lento para deslizarse. Esta oscilación entre la rectitud disciplinar y la deriva errática
funciona como una metodología
queer
de desorientación.
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La implementación de la práctica se fundamenta teóricamente en la
epistemología textil que Eve Kosofsky Sedgwick exploró y que Jason Edwards
(2021) analiza. Al igual que Sedgwick se dedicó al trabajo textil, nosotros
transitamos del texto a lo textil: una fenomenología de la mirada, el tacto y las
orientaciones corporales que desplaza la precisión de la letra escrita hacia la
esfera de lo agujereado, arrugado y borroso.
Finalmente, reducir es un ejercicio de contrainterpretación (Sontag, 1984),
donde la obra discursiva se proyecta como una redescripción mimética de la
realidad. El texto se vuelve intriga. Nos negamos a la repetición; en cada instante
se produce un nuevo devenir, en sintonía con la concepción de la investigación
como ensayo lúdico y experimental (Sedgwick, 2018).
Un ejemplo de esta reducción se produce cuando, al reescribir un fragmento
del diario de campo por tercera vez, decidimos tachar dos tercios del texto y
conservar solo las palabras que aún nos incomodan al leerlas en voz alta. Reducir
no es sintetizar por economía de espacio, sino disciplinar la propia voz hasta que
sólo permanezca aquello que resiste la domesticación retórica: la marcha erguida
que el padre exigía se reduce, en el texto, a la misma proporción en que el cuerpo
investigador acepta perder el equilibrio.
Figura 2 - Fotografía de Yo Yo Yo, el día de la defensa doctoral, abril de 2024
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Tercer peldaño
Reutilizar, como umbral metodológico, se concentra en la expansión
fenomenológica del instante y en una crítica a la crononormatividad que dicta la
velocidad y la medida de la experiencia vital. Proponemos una economía afectiva
del tiempo donde la medida se establece por la cualidad, privilegiando la
intensidad sobre la duración cronológica. Este es un acto de reclamación temporal
queer
que desarticula la linealidad del progreso. El acto de reutilizar se aplica a la
energía invertida en la investigación, reconociendo la duplicidad indivisible de
nuestra praxis en los conceptos de lado A y lado B. Esta dualidad funciona como
una complementariedad de luces y sombras, una dialéctica interna que moviliza
el proceso. Reutilizar, en este contexto, es aceptar y trabajar con las sobras
emocionales, conceptuales y materiales de la experiencia, transformando los
vestigios en energía para la continuidad del proceso investigativo.
Reutilizar se materializa, por ejemplo, en la decisión de no descartar los
fragmentos de campo que en un primer análisis parecían prescindibles; una nota
al margen, un audio cortado, una fotografía borrosa, sino de coserlos como retazos
en los intersticios del texto final, allí donde antes había una elipsis. Lo que en el
lado A del proceso investigativo aparece como material fallido o inconcluso,
encuentra en el lado B una segunda vida: la anécdota descartada de una tarde de
lluvia en la Casa de Artista, por ejemplo, reaparece páginas después convertida en
metáfora de la levedad que se persigue a lo largo del texto.
Cuarto peldaño
Reparar aborda la ética de la acción investigativa y la difícil tarea de alcanzar
la serenidad, la disposición y la coherencia. Esta se entiende como una tensión
dinámica entre las múltiples formas que elegimos ser, y no como un estado
estático y unitario. La vida se nos presenta como una ardua labor de moderación
de palabras y pensamientos. La metáfora de los lados A y B describe las dinámicas
de duplicidad afectiva en el trabajo colaborativo: mientras lado A lucha y se
despliega en la superficie visible de la producción, lado B se desdibuja y bucea en
las sombras. Reparar es la constante negociación y ensamblaje de estas fuerzas.
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Reparar se ejemplifica en el trabajo de sutura literal sobre Yo Yo Yo: cuando
una costura cede y el relleno del muñeco textil se derrama, la reparación no busca
disimular la rotura sino visibilizarla con un hilo de color distinto, de modo que la
cicatriz quede a la vista como archivo de la propia fragilidad. De igual manera, en
el plano narrativo, reparar implica volver sobre un pasaje del texto que en una
versión anterior sonaba desbordado o incoherente, y reescribirlo no para borrar
esa tensión sino para qué lado A y lado B convivan visiblemente en la misma frase.
Quinto peldaño
Renovar se centra en la ética del desecho y la materialidad de la existencia.
Postulamos que el desecho activo de objetos genera una experiencia de liviandad
corporal, desafiando la lógica acumulativa del consumo. La conciencia de ser un
desperdicio con conciencia nos pone en órbita, abrazando la descomposición
performática de la teoría
queer
doméstica como una posición crítica. El juego con
YoYoYo se intensifica con la triple repetición del nombre, un acto de
posicionamiento narrativo y atmosférico que trasciende el objeto. Escribimos para
ser relato
, lo cual se vincula con la confesión de un deseo de desaparición que no
es anulación, sino la disolución del yo disciplinado para fundirse en la trama
impersonal de la experiencia y la materia.
Renovar toma cuerpo, por ejemplo, en el ritual de vaciar una vez al año la
caja donde se acumulan retazos de tela sobrantes de las intervenciones con Yo Yo
Yo y de regalar, quemar o enterrar aquello que ya no se ha usado en doce meses.
El gesto no es meramente doméstico: cada retazo que se suelta libera también
una interpretación que ya no nos representa, una lectura teórica que en su
momento fue necesaria y hoy pesa. Renovar es, en este sentido, la disciplina de
dejar ir para poder seguir tejiendo.
Sexto peldaño
Recuperar se articula como una praxis del
sentipensar
, que constituye una
resistencia activa a la racionalidad instrumentalizada. Implica un rechazo a la
rectitud disciplinar en el pensamiento, favoreciendo una curvatura epistémica que
nos obliga a
sentir antes de pensar
. El tiempo pandémico se revela como un
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acelerador fenomenológico que nos permitió vislumbrar la descomposición
inherente a nuestro modo de sentir el tiempo bajo las pautas de la crono
Normatividad del Antropoceno. El acto cotidiano de colgar y descolgar la ropa
deviene un ritual de micropolítica temporal que nos reconecta con la levedad
(Calvino, 1988), entendida no como superficialidad, sino como la capacidad de
suspender el peso del pensamiento hegemónico.
Un ejemplo de recuperar, es el hábito adquirido durante el tiempo pandémico,
de suspender la escritura académica cada tarde para colgar la ropa recién lavada:
ese intervalo, aparentemente ajeno a la investigación, recupera un tiempo
sentipensante que la productividad académica había expulsado. Sentir el peso
húmedo de la tela antes de que el viento la aligere se vuelve, entonces, un método
tan legítimo como la lectura teórica para producir conocimiento situado.
Séptimo peldaño
Figura 3 - Fotografía de Instalación en el Pequeño Parque. Estifique, 2014
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Reciclar exige la interpelación, descomposición y disolución de las categorías
estables, en la descomposición material que sucede en el centro cultural y
educativo Casa de Artista, que María Alejandra Estique inauguró en su el espacio
doméstico recibiendo a más de 200 huespedes. Voluntariados, residencias y
exposiciones, también completaron la propuesta pedagógica de este escenario
que protagonizó la investigación doctoral en cuestión. Hallamos la unidad vital de
floración y podredumbre, un ciclo indivisible que cuestiona la pureza y la
estabilidad. El concepto se transforma en un desperdicio con potencial, una
materia prima que requiere ser constantemente transformada para su uso.
Reciclar es, finalmente, descomponerse en miles de partículas para ya no vernos,
solo sentirnos en la mezcolanza de pasiones, validando la triple mímesis, el ego al
cubo, la muñeca de apego, el cuerpo expandido y el grito pandémico como las
múltiples respuestas a la pregunta fundamental: ¿Quién es? El yo se disuelve en
el
ello
investigativo, cerrando el ciclo metodológico con una apertura a la potencia
de lo desconocido. La descolonización pedagógica que implica este proceso
dialoga también con la propuesta de Mesquita (2022), quien sitúa la mandinga
como juego corporal de engaño y liberación de una estrategia epistemológica de
subversión de las normativas disciplinares.
Reciclar se ilustra en el destino final que damos a los primeros bocetos de
Yo Yo Yo cosidos y descosidos una y otra vez hasta perder su forma original: en
lugar de desecharlos, los desarmamos e integramos sus hilos en la trama de una
nueva pieza, de modo que ningún gesto anterior se pierde del todo, sino que se
descompone para volver a circular. Así como Casa de Artista recicla sus propios
residuos escenográficos en nuevas instalaciones, el texto que aquí presentamos
recicla sus borradores descartados, sus preguntas sin respuesta, sus fotografías
desenfocadas, como materia prima de un conocimiento que nunca se da por
terminado.
La instalación escenográfica de la lápida de María Alejandra Estifique en Casa
de Artista fue género de esta descomposición, que mantuvo su presencia durante
un extenso período de más de cincuenta meses, se erigió como un artificio
estético-afectivo y una burla temporal de la propia caducidad. Este dispositivo
operó como un engaño de corto plazo que mutaba el
pathos
de la emoción a una
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risa cómplice y aprobatoria. El cuerpo investigador se nutre de esta experiencia
del desconocimiento y de la sustancia vital que lo rodea, utilizando la
incertidumbre y el miedo no como obstáculos, sino como nutrientes epistémicos.
Esta práctica se enmarca en la lectura ignorante propuesta por Britzman (2016),
una posición que nos permite no ser nombrados o clasificados por las lógicas
disciplinares. El viaje constante se archiva en el cuerpo no como una memoria
fidedigna, sino como una mutación somática que reescribe el conocimiento a
través del afecto y el movimiento.
La interrogación sobre quién está hablando en esta narrativa se resuelve en
la triple mímesis de Yo Yolanda Yocasta. El objeto textil se convierte en un
artefacto posthumanista que facilita un diálogo expandido, un lazo afectivo-
amoroso que trasciende lo humano. Halberstam (2011) nos obliga a confrontar la
política de la modestia: en una cultura académica que valora la humildad
calculada, la afirmación plena del ser puede leerse como soberbia. Nosotros, en
cambio, defendemos una arrogancia epistémica que es, en realidad, un acto radical
de auto-afirmación.
Devenir trapo
El arte hace todo posible, emparentar a la investigación en sus intersticios
cotidianos, para recuperar aromas domésticos en la quietud activista (Estifique,
2020). La descomposición se entreteje para comunicar realidades y la libertad del
juego posibilita la interacción con los demás, sin otra finalidad que no sea el placer,
con lenguajes propios y significados comunes. Concluimos que el arte es
epistémico, habilita la investigación en su orgánica domesticidad; opera una
mutación categorial, permitiendo emparentar la rigidez del protocolo académico
con la fluidez del devenir doméstico. La tríada de juego, participación y proceso
coincide con el carácter intermediario de la construcción del conocimiento en la
educación.
¿Cómo se habita un cuerpo? ¿Qué significa el estado de conciencia? Si
pensamos en la mente no solo como ese pedazo de cerebro con el que
razonamos, sino como un estado que se desplaza por todo el cuerpo,
promovemos la ampliación de la capacidad de pensar y sentir. Nos es imposible
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dibujar eso que sentimos como vacío, eso que nos distancia del árbol, eso que
respiramos. Dibujar con pocos trazos, hacer una síntesis del momento, el gesto, la
atmósfera: ese es el desafío.
En términos metodológicos, los siete peldaños son un repertorio de
disposiciones corporales disponibles para cualquier investigador que se anime a
indisciplinar su relación con la materia de estudio. Rediseñar, reducir, reutilizar,
reparar, renovar, recuperar y reciclar nombran, cada uno, una manera distinta de
tocar los datos: se puede rediseñar una entrevista transcripta cosiéndola sobre
una prenda, reducir un capítulo teórico a la frase que más incomoda, reutilizar el
silencio de una fotografía desenfocada, reparar un vínculo de campo roto, renovar
el archivo personal desprendiéndose de lo acumulado, recuperar el tiempo
sentipensante que la productividad académica expulsa, y reciclar los borradores
descartados como materia prima de un texto que nunca se da por terminado. Esta
reformulación de las erres de la sustentabilidad, decantadas de nueve a siete, no
es un gesto arbitrario de economía expositiva: es, en misma, una toma de
posición epistémica que subordina la eficiencia técnica del reciclaje material a la
potencia afectiva del reciclaje narrativo.
Para la formación docente, esta propuesta metodológica implica una
invitación concreta: llevar el devenir trapo al aula no como metáfora decorativa,
sino como ejercicio replicable. Un futuro maestro o maestra podría, por ejemplo,
coser sobre una prenda propia los fragmentos de su historia escolar que la
formación disciplinar le enseñó a silenciar, y transitar allí sus propios peldaños de
rediseño y reparación. En este gesto, la pedagogía queer deja de ser un contenido
a enseñar para convertirse en una praxis corporal a ensayar, en sintonía con lo que
Britzman (2016) reclama cuando pide una pedagogía capaz de tolerar la propia
ignorancia. Politizar el aula desde el trapo supone, entonces, desplazar la pregunta
de qué se enseña hacia la pregunta de qué cuerpos, qué materialidades y qué
afectos se autorizan a habitar el espacio educativo.
Somos conscientes de que esta propuesta, anclada en una experiencia
autoetnográfica singular, no pretende generalizarse como protocolo universal; su
valor reside, precisamente, en su carácter situado e irrepetible. Queda abierta, sin
embargo, la pregunta por su transferibilidad: ¿qué ocurre cuando los siete
Devenir trapo: materialismos indisciplinados y avatares textiles
María Alejandra Estifique | Francisco Ramallo
Florianópolis, v.2, n.58, p. 1-17 , ago. 2026
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peldaños se ensayan en cuerpos, materialidades y contextos culturales distintos
al nuestro? Futuras indagaciones podrían explorar el devenir trapo en
comunidades donde el textil no porta la misma carga simbólica de labor femenina
y doméstica que aquí reconstruimos a partir de la memoria de Josefa F., o podrían
combinar esta metodología con otros objetos-avatar (cerámica, madera, sonido)
para poner a prueba si la potencia metodológica reside en el trapo
específicamente o en la lógica más amplia del objeto indisciplinado.
Este proceso de entrenamiento corporal e intelectual es una sumisión
placentera a la experimentación de la abstinencia: la restricción de ciertos gestos
y penetraciones físicas y espirituales. Esta es nuestra posición
queer
ética y
política, una disciplina que busca la coherencia entre cuerpo y razón. La pregunta
final ¿para qué educamos? se abre a la incertidumbre, invitando a la comunidad
académica a almacenar el saber no solo en bibliotecas, sino en la potencia de
nuestro cuerpo sensible. Línea, palabra, cuerpo, movimiento.
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Recebido em: 21/05/2026
Aprovado em: 05/08/2026
Universidade do Estado de Santa Catarina
UDESC
Programa de Pós-Graduação em Artes Cênicas
PPGAC
Centro de Artes, Design e Moda CEART
Urdimento
Revista de Estudos em Artes Cênicas
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