
Experiencias del tránsito: el modelo de espectador-caminante en
SRE Visitas Guiadas
de Teatro Ojo
María Miranda Rocamora
Florianópolis, v.2, n.58, p.1-21, ago. 2026
espectador, este ensanchamiento se traduce en una ampliación de su campo de
acción: el espectador abandona la pasividad de la butaca para relacionarse con la
escena de modos muy diferentes, pues, como explica Mónica Molanes Rial, estas
interacciones pueden estar “basadas en la participación, [la] cooperación, [la]
interacción, [la] agencia, [la] inmersión o [la] cocreación” (Molanes Rial, 2021, p.87).
En definitiva, encontramos en las creaciones teatrales del nuevo siglo
diferentes fórmulas que buscan fomentar un papel activo del espectador dentro
del espectáculo —aspiración vigente desde las vanguardias—. Sin embargo, en
muchos casos, estos mecanismos han implicado únicamente una suspensión
momentánea del contrato ficcional, sin provocar un cambio real en las relaciones
de poder establecidas para el binomio actor-espectador6. Esta crítica viene a
reforzar la idea que Jacques Rancière plantea en su célebre texto
El espectador
emancipado
(2010), pues “al espectador no se le emancipa por el sólo hecho de
ponerlo a participar en la obra teatral” (Ortiz, 2022, p.59), sino que es necesaria
una modificación real en la distribución de estos roles que desmonten las
jerarquías asociadas al uso de la palabra y de la mirada, adelgazando los límites
entre creador y espectador y posibilitando la verdadera copresencia y cocreación.
De esta tendencia, se deduce la necesidad de creación de propuestas
artísticas que modifiquen los elementos constituyentes del hecho teatral para,
como consecuencia, lograr la emancipación del público: “actúa el público, pero no
porque se le invite de forma explícita a subir a escena, sino porque la platea donde
estaba situado ha pasado a ser parte de un escenario que está continuamente
transformándose (Córnago, 2021, p.145)”7.
6 En referencia a los abusos y reticencias hacia el uso del término «participación» en relación con la figura del
espectador, Córnago (2021, p. 152) apunta: “La cualidad «participativa», un término que muchos artistas
prefieren evitar para sortear los tópicos con los que está identificado debe considerarse según el modelo
en que la obra misma, en tanto que espacio de relaciones, participa de su propia condición pública. Sacada
de contexto, la participación se convierte en una figura decorativa, reclamo comercial y estrategia de
legitimación ética de un producto que promete ser lo que el público desee. La cuestión no es si participar o
no participar —la complejidad del tejido social excluye esta opción de algún modo, todos estamos ya
participando— sino en qué estamos participando, qué tipo de fenómeno público y campo de experiencias
estamos sosteniendo.”
7 En este sentido, las aportaciones de Dubatti, quien afirma que “así como ha cambiado la dinámica del campo
teatral, ha cambiado el rol del espectador” (Dubatti, 2019), resultan fundamentales para comprender la
evolución del rol del espectador en la escena teatral contemporánea, su noción de convivio permite pensar
el teatro como un acontecimiento irrepetible donde actores y espectadores comparten un mismo tiempo y
espacio. Esta categoría desplaza el foco de la representación hacia la experiencia relacional, subrayando que
el hecho teatral no se agota en la ficción escénica, sino que se constituye en la relación viva entre quienes